In memoriam de Fray Ricardo de Córdoba

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Ricardo del Olmo López, conocido en toda Andalucía como Fray Ricardo de Córdoba nos ha dejado hoy.  Ha fallecido a las 15:00 de este viernes en el Hospital Reina Sofía de Córdoba no pudiendo superar la taquicardia ventricular que lo mantenía en coma desde el pasado 4 de mayo. Tenía 72 años de edad y 50 de vida religiosa.

Es un día triste para nuestra Hermandad. A Fray Ricardo le debemos la advocación del Desconsuelo. Cuando no contábamos con titular mariana el nombre era de la Soledad. Por eso, unimos los dos nombres, Desconsuelo en su Soledad. Fray Ricardo estuvo muy implicado en su talla y medió para que saliese de las gubias de Luis Álvarez Duarte en 1977.

Fray Ricardo fue el vestidor de Nuestra Señora en esos años en que esperaba en la penumbra de la Compañía a que volviera su Hijo y dedicó estás bellas palabras en a nuestra Hermandad en su Pregón de Semana Santa de Córdoba en el año 1983:

Luego, el rastro franciscano y penitente de LA SOLEDAD, se cerrará con la llegada del SANTO SEPULCRO a la Plaza de Queipo de Llano. ¡Cristo yacente sobre los corporales blancos de lino!. Y allí, finalmente «toda Córdoba muda». La Ciudad entera que contempla en ese «sagrario de cristal» a su Redentor Muerto… Sí, con una muerte que es sueño transitorio hacia un despertar glorioso y sin fin.

El único paso, sube la rampa de piedra, resguardada de su parapeto y nos evoca como «el último palco» de nuestra Semana Santa. Despacito, casi sin apenas notarse… la Sagrada Urna se ahonda en el grandioso templo de El Salvador, presintiendo nosotros desde fuera, que la Virgen, recibe como un «nuevo gozo» al ver que le devuelve Córdoba – con el más fiel respeto– el Cuerpo sin vida de su Hijo. ¡Pero de pronto! en la calle, todos notamos un extraño aire y un ruido especial «como crujir de alas»… Volvemos hacia arriba la cabeza… y en lo alto, sobre un nuevo baluarte, se presenta al final de la «entrada procesional» el donoso San Rafael, que hará de este lugar un nuevo «domicilio» para ser testigo de todo lo que se produce. Siendo pues el eterno «comisionado» entre el Cielo y Córdoba, nos habla solemne, cuando el portón de la Iglesia de la Compañía se «pliega», cerrando así nuestra Semana Mayor:

Soy Rafael, que del Cielo,
vengo entre vuelos, hasta aquí
porque quiero ver salir
a esa Flor del DESCONSUELO.
¡Ponedle un palio de duelo….
y unos varales de luna…
y un mar de cera oportuna…
que claree su sendero!.
Que entrando, en palio postrero
detrás de Tí ¡ya, ninguna!.

Fray Ricardo de Córdoba
Pregón de la Semana Santa de Córdoba 1983

Rogamos una oración por el eterno descanso de su alma. Descanse en Paz.

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FRAGMENTO PREGÓN SEMANA SANTA DE CÓRDOBA 1983 Luego, el rastro franciscano y penitente de LA SOLEDAD, se cerrará con la llegada del SANTO SEPULCRO a la Plaza de Queipo de Llano. ¡Cristo yacente sobre los corporales blancos de lino!. Y allí, finalmente «toda Córdoba muda». La Ciudad entera que contempla en ese «sagrario de cristal» a su Redentor Muerto… Sí, con una muerte que es sueño transitorio hacia un despertar glorioso y sin fin. El único paso, sube la rampa de piedra, resguardada de su parapeto y nos evoca como «el último palco» de nuestra Semana Santa. Despacito, casi sin apenas notarse… la Sagrada Urna se ahonda en el grandioso templo de El Salvador, presintiendo nosotros desde fuera, que la Virgen, recibe como un «nuevo gozo» al ver que le devuelve Córdoba – con el más fiel respeto– el Cuerpo sin vida de su Hijo. ¡Pero de pronto! en la calle, todos notamos un extraño aire y un ruido especial «como crujir de alas»… Volvemos hacia arriba la cabeza… y en lo alto, sobre un nuevo baluarte, se presenta al final de la «entrada procesional» el donoso San Rafael, que hará de este lugar un nuevo «domicilio» para ser testigo de todo lo que se produce. Siendo pues el eterno «comisionado» entre el Cielo y Córdoba, nos habla solemne, cuando el portón de la Iglesia de la Compañía se «pliega», cerrando así nuestra Semana Mayor: Soy Rafael, que del Cielo, vengo entre vuelos, hasta aquí por quiero ver salir a esa Flor del DESCONSUELO. ¡Ponedle un palio de duelo…. y unos varales de luna… y un mar de cera oportuna… que claree su sendero!. Que entrando, en palio postrero detrás de Tí ¡ya, ninguna!. Fray Ricardo de Córdoba

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